| | Esta participación bien pudiera titularse: me niego a creer. Lo cierto, es que estas semanas he estado un tanto alejada de las noticias, a razón de los preparativos para la boda de mi primogénito, que tuvo lugar hace unos días. Así que apenas regreso, otra vez. Decía que esta entrega habría de llamarse así, por necesidad. Entiéndase por ello, que hoy no tengo mucho que decir. Y me niego a creer que así sea. |
Esta participación bien pudiera titularse: me niego a creer. Lo cierto, es que estas semanas he estado un tanto alejada de las noticias, a razón de los preparativos para la boda de mi primogénito, que tuvo lugar hace unos días. Así que apenas regreso, otra vez. Decía que esta entrega habría de llamarse así, por necesidad. Entiéndase por ello, que hoy no tengo mucho que decir. Y me niego a creer que así sea. Por este motivo, es que hoy quiero hablar de la importancia de terminar. Sí, de terminar lo que se empieza. Y es que, pareciera que todo el mundo se enfoca en empezar. Es más, hasta nos animamos unos a otros para que empecemos con algo: estudios, trabajo; un negocio, decimos. Hay un dicho por ahí que alude a que lo importante no es llegar sino sostenerse. Ándele, más o menos es así. Lo importante no es empezar sino terminar. Aunque lo cierto, es que vivimos en una cultura que siempre posterga. Decimos: “mañana lo hago”, “el lunes, empiezo la dieta” –porque eso sí, las dietas se empiezan sólo los lunes, aunque sea martes- o también: “mañana le llamo” y, postergamos. Dejamos las cosas “para más adelante”. Así que una recomendación que podríamos hacer es que actuemos cuando así nos propongamos hacerlo, porque si lo posponemos nos sentiremos fracasados. En este sentido es que tenemos una serie de mitos en nuestras cabezas que nos impiden empezar lo que sea. Uno de esos mitos nos dice: si empiezo algo tengo que hacerlo excelente, pues de lo contrario no lo hago. A cuántos de nosotros se nos dijo de pequeños, que nos aseguráramos de que lo que íbamos hacer, fuera con excelencia y que si no era así, ni nos atreviéramos a hacerlo. Y esto, estimados radioescuchas: es una mentira. Pues cuando empezamos algo, lo hacemos con alegría, se lo contamos a todo el mundo, porque al fin nos decidimos y nos sentimos felices, hasta le imprimimos todas nuestras fuerzas. Sin embargo, conforme avanzamos y al paso del tiempo, el entusiasmo se va apaciguando, la energía merma y decimos: “Bueno, lo hago más adelante”. Esto es porque le tenemos miedo al éxito y si algo no nos sale bien, lo abandonamos. En las universidades se corre otro mito que dice: no eres nadie, hasta que termines la carrera. Y la bendita carrera que elegiste, tiene una currícula de 43 materias a cursar en cuatro o cinco años y hasta entonces, serás alguien. Otra mentira, porque no somos los mismos al comenzar la universidad que en el 2º. 3º ó 5º año, porque vamos creciendo y aprendiendo más cosas, por lo menos adquirimos mayor conocimiento y más experiencia. Ya ven al apóstol Pedro, que negó a Jesús no una sino hasta tres veces y dice la Biblia que lloró amargamente. En su llanto, bien pudo haber pensado que todo el tiempo que pasó al lado de Jesús, fue tiempo perdido; al final, se dijo a sí mismo, no soy como yo pensaba. Lo que Pedro no entendía aun, es que durante esos tres años que pasó junto a Jesús, estuvo en un proceso y esto, no es tiempo perdido. Esto también pasa con nosotros. En cada proceso que decidamos empezar, habrá momentos en los que caeremos y afrontaremos dificultades, pero esto no es tiempo perdido. A ver. Empezaste una dieta, porque tu meta es bajar diez kilos. ¡Felicidades! Pero tienes que llegar al final. Y el día que no resistas ese pan con mantequilla o el pastel de la fiesta de tu hermana, no la abandones. Sigue adelante, porque esa caída es parte del proceso de dieta, si no caes y te levantas: nunca llegarás al final. Pero no vayas andar cayendo todos los días ¿he? Porque si no, eso ya no es dieta. Así que corre riesgos, y aprende a levantarte de cualquier dificultad. O que ¿Por qué reprobaste una materia, vas a abandonar la carrera? Claro que no. Otro de los problemas que tenemos es que queremos ser perfectos y que todo nos salga bien en la vida. Cuando algo nos sale mal, ya nos estamos tirando de los pelos. Tenemos que desterrar este concepto. En la vida se tienen crisis y se aprende de los errores. Pero debido a que no nos podemos perdonar las equivocaciones, tampoco terminamos lo que comenzamos. Es preferible caerse, levantarse otra vez y saber que tuviste las agallas de seguir adelante y continuar de pie. Es preferible haber bajado cinco de los diez kilos que te habías propuesto, pero lo estás haciendo: sigue adelante hasta que tu visión se haga realidad. Pero también sé un poco más racional y no digas: talla cinco, por favor; cuando lo menos que has sido es talla 9. Sé una persona osada. Y mira si todavía no tienes el negocio que soñaste es porque aun los estás intentando, deja de hacerlo porque entre más lo intentes, menos vas a agarrar las agallas necesarias y menos lo tendrás. ¿Cómo dicen? Ah, sí: No terminé el curso de inglés, pero creo que voy a hablarlo porque estoy al lado de una persona que sí sabe inglés. Cuando la realidad lo que debo hacer es ponerme las pilas e inscribirme en el curso y sentirme capaz de aprenderlo. Aunque repruebe algunos niveles. Voy a estudiar inglés. Estudio inglés. Pero sobre todo lo que hemos hablado aquí, es recomendable luchar contra las voces exteriores; sí, ésas que se encargan de que no termines lo que empiezas, con un: No, hombre ¿para qué vas a ese cursito? No vas a lograr nada. Mira, mejor nos vamos al cine. O bien: ¿Otra vez a dieta? Pues yo no veo que bajes de peso. Y este otro: ¿Qué, un negocio? Y ¿si te va mal, qué vas a hacer? A este tipo de comentarios, mi papi les llamaba: alfileres. O lo que es lo mismo: mata sueños. Espero que nosotros no andemos por ahí, matando los sueños de otros. Pero también hay otras voces, las voces interiores. Ajá. Esas preguntitas machaconas que nos hacemos: ¿Será que voy bien? ¿Y si fracaso? ¿Estará bien que lo haga? Y son tantas las preguntas que tenemos que al final: abandonamos y posponemos nuestro futuro. Así que ya sabemos lo que hay que hacer para terminar lo que comenzamos, proponernos metas posibles, viables y accesibles. Digo, no vayamos a querer bajar 20 kilos en tres semanas. Otra más, es entender que se trata de un proceso, en el cual caeremos, pero también aprendemos a levantamos y continuamos hasta llegar. También, que en el inter del inicio y el término, nos perdonamos las equivocaciones que cometemos, aprendemos de nuestros errores y nos determinamos a que todo lo que decidamos le vamos a quitar las voces negativas que tenemos nosotros mismos, primero, y así como las que llegan de fuera. El más grande ejemplo de terminar lo que se comienza y terminarlo bien, es Jesús. Cuando Jesús en la Cruz del Calvario, dijo: “Consumado es”. Es decir, esta terminado, la obra para la redención del hombre, está completa; no hay nada más que agregarle. Él hizo la obra completa y perfecta. Y esto nos tiene que pasar a nosotros también, cuando partamos de este mundo, dejaremos nuestra obra terminada, nadie tendrá que agregarle nada más sino sólo continuarla. Porque hicimos todo lo que teníamos que hacer, todo lo que teníamos en el corazón y que viene del corazón de Dios. Cumplí lo que vine a hacer. El apóstol Pablo, poco antes de morir dijo: el tiempo de mi partida está cercano, he peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Estaba diciendo que todo lo que comenzó lo terminó; que estaba a punto de morirse, pero todo aquello que hubo comenzado lo terminó bien. Tener la tranquilidad y seguridad de decir lo mismo en aquel momento, depende de ti. Depende… sólo de ti. Soy Beatriz Díaz. Que siga teniendo usted, una excelente semana. Nos escuchamos el próximo sábado. |