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Qué hacer cuando se pierde PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Beatriz Diaz   
martes, 22 de julio de 2008

 

Qué hacer cuando se pierde
 
En Hechos 8:9-13, dice: “Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios. Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo. Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe, y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito”.

 

Vea usted, los apóstoles se empezaron a dar a conocer por las señales y milagros que hacían; (por cierto, la gente siempre va a donde hay señales y milagros) Aquí, permítanos abrir un paréntesis y comentar que las personas al principio acuden en busca de un milagro, pero luego se dan cuenta de que al que hay que buscar es a Jesús: a Aquel que hace los milagros y prodigios. Porque si tú tienes la fuente de la bendición, pronto aprenderás a obtener las bendiciones de la fuente. Mira, si te quedas sólo con las bendiciones, rápido te vas a dar cuenta que ellas vienen y se van. Te estás distrayendo con aquello que Dios te da en lugar de buscar al Dios que da las bendiciones. De modo que si te mantienes con el principio de buscar primero el reino de Dios y su justicia, las bendiciones no te van a faltar. No busques la añadidura, busca al Dador de las bendiciones, busca a Dios. Él y sólo Él es la esencia de toda bendición.
 
Pero, seguimos con Hechos 8:14-24: “Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aun no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. Respondiendo entonces Simón, dijo: rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí”.
 
Órale. En este pasaje vamos a aprender algo poderoso y esto es que Dios unge a gente de corazón recto. El problema de Simón no era si ofrecía dinero o no. Simón veía que Dios usaba a Felipe y a los demás para sanar enfermos y liberar endemoniados, cuando vio que por imposición de las manos de Pedro y Juan, se recibía poder, tuvo la brillante idea de ofrecer dinero para que él también pudiera hacer lo que los apóstoles. Cuando lo oyó Pedro, le reprendió y le dijo que se arrepintiera para que no le viniera mal y mire que Simón sabía la autoridad que tenían los apóstoles, tenían autoridad para sanar enfermos y echar fuera demonios, más valía arrepentirse no fuera a ser que por esa autoridad igual y le fuera mal. Sin embargo, vemos que Pedro le habla de amargura y ésta nace en el corazón de Simón, porque un día perdió algo. Simón perdió su popularidad, la fama, el reconocimiento y a sus seguidores. ¿Recuerdan? En los primeros versículos que leímos, dice que todos chicos y grandes le estaban atentos a sus artilugios, afirmando que era poder de Dios. Simón perdió terreno y vio que los otros lo ganaban, las personas iban tras los apóstoles ahora. Por eso es que ofreció dinero por el poder, no lo hizo para bendecir a la gente sino para hacerse grande. Y así también existen personas que ven los resultados de la unción en un ministerio y quieren la unción, pero no para bendecir a la gente sino para tener un ministerio igual, para que la gente los siga a ellos, también..
 
Y es que lo cierto, es que Simón estaba frustrado. La amargura nació de la frustración de lo que había perdido. Aquí hay algo poderoso: cuando una persona pierde, por consolarlo le decimos que hay que aprender a perder. Pero, no existe tal cosa, a nadie le gusta perder. Quizá lo que usted quiere decir es que aprenda a manejar la frustración, pero por favor no le diga que aprenda a perder. Luego se vuelve costumbre y al rato, mejor ni lo intenta. Si no le gusta lo que siente cuando pierde, entonces aprenda a ganar. La Biblia dice que el Señor nos lleva de triunfo en triunfo y de victoria en victoria. La Biblia nos enseña a ganar, a conquistar, y a ser más que vencedores. Este mago no supo manejar la frustración y permitió que la amargura tomara raíz en él, le dio envidia ver lo que otros podían hacer y que la gente los siguiera a ellos en lugar de él.
 
Lo cierto, es que nos es difícil manejar la frustración. Al perder, nos frustramos, y no sabemos qué hacer, tendemos a encontrar una excusa que justifique nuestra frustración. Pero, no se puede evitar la frustración, pero sí se puede evitar la mala administración de la frustración. Los que se frustran por peder, siempre critican al que ganó. Esa frustración mal manejada da lugar a la amargura. Preguntamos y sólo, preguntamos: ¿Cuántas veces te has frustrado? ¿Cuántas veces has manejado mal la frustración? En Hebreos 12:15, leemos: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe…” Es decir, que la gracia de Dios no la alcanza la gente amargada. Si estás amargado o amargada, no alcanzas la gracia, no ves lo que está pasando, porque después de manejar mal la frustración viene la amargura.
 
¿Sabías que Dios también ha perdido? La diferencia es que Él sabe manejar el momento de la pérdida de diferente manera a la que nosotros lo hacemos. Cuando Dios sacó al pueblo de Egipto y no quisieron entrar a la tierra prometida, eso fue un golpe para Dios ¿Cómo lo resolvió? Tomó acción, dijo que los menores de 20 años iban a entrar. Pero eso no es todo. Dios hizo a Adán y a Eva para tener comunión con ellos. La Biblia dice que cuando ellos le fallaron, Dios se arrepintió de haberlos hecho ¿no le suena a frustración eso? Adán le falló, entró en pecado y Dios ya no pudo tener comunión con él. ¿Cómo lo resolvió? Dios envió al segundo Adán, a su propio hijo. Porque estaba dispuesto a recuperar lo que había perdido ¿Cómo te sentirías tú si el día que decides hacer la cena más grande y exquisita de tu vida e invitas a todos tus amigos, vecinos y parientes, y resulta que ninguno llega por excusas baratas? Al Señor le pasó. Pero Él decidió que la mesa no se iba a quedar servida, mandó a traer gente de las calles para que comiera. Él nos muestra cómo se manejan las situaciones cuando se pierde. Y volvemos a preguntar ¿Cómo las has manejado tú?
 
Cuando uno pierde, se frustra. Por lo que si tienes papel y lápiz a la mano anota o en su caso, presta la mayor atención que puedas, porque te vamos a dar cuatro cosas qué hacer para administrar mejor la frustración. Lo primero que vas a hacer es arrodillarte delante de Dios y llorar ante Él. A Dios no le molesta que tú te quejes delante de Él. El rey David lo hizo, el profeta Jeremías, también. Pero ojo: quejarse no es reclamar. David venía delante de Dios y le decía mira Señor, los que me persiguen, se burlan de mí, me quieren matar. No era que le dijera: mira Dios lo que sufro, lo que padezco, y Tú que lo permites… para luego rematar, con el consabido: ¿Porqué a mí, Señor? Y ¿porqué, no? Ya ves a Job, se creía justo e inmerecedor del castigo y ya ves cómo le fue. Ajá. Job cumplía con todos los ritos de la Ley y por ello, se creía inmune a la desgracia, hasta que Dios le demostró que ignoraba todo, pero ése es material para otro mensaje. Continuamos, Así que volvemos al primer punto: exprésale a Él todo lo que sientes, sin reclamar; porque mientras te encuentras allí llorando, vas a sentir la mano del Señor sobre ti. También vas a sentir silencio, porque Él calla por amor a ti, pero también te hablará y te consolará. La segunda cosa que vas a hacer es decirle que no vas a maldecir a nadie, (y cumplirlo, por favor) que vas a salir adelante, porque Él te dará fuerzas para hacerlo. Créelo, Él te va a ayudar. La tercera cosa que harás es ahora, sí: tomar papel y lápiz, y escribir tres cosas que hiciste mal, y por eso perdiste; pero también, escribe tres cosas que puedes mejorar para no volver a perder. Y por último, vas a agarrar la frustración y la vas a desechar, la vas a soltar. Ahora, sí como decía mi papá: la vas a aventar hasta el otro lado de la barda. Y no te acordarás más de ella.
 
Si no nos crees, ahí tienes al gran rey David, a quien Dios perdonó su pecado, pero le dijo que el niño de Betsabé no viviría. Usted recuerda la historia, David oró, ayunó, se cubrió de ceniza, estuvo metido en su cuarto rogando y clamando a Dios por la vida de su hijo, pero el niño murió. Dice la Biblia que los siervos temían decírselo a David, porque decían si cuando el niño vivía no podíamos hablarle y estuvo tan triste, quién sabe qué pasará ahora que falleció. ¿Qué hizo David cuando se enteró? Administró la frustración. Perdió a su hijo, Dios no lo escuchó (razones suficientes para frustrarse ¿no cree usted?) al contrario de lo que pensaban sus siervos, David se levantó, se bañó y vistió sus ropas reales. Administró la frustración.
 
Otra más. Sansón. Su dulcinea lo traicionó y sus enemigos hicieron escarnio de él. Vea usted que lo tenían atado como animal dando vueltas en un mismo sitio. Perdió su fuerza descomunal, el respeto de sus enemigos, bueno: hasta
Dalila se le hizo ojo de hormiga. Pero ¿qué hizo Sansón? Manejó la frustración. Esperó. Su cabello volvió a crecer y un día que los filisteos lo pusieron entre las columnas para burlarse de él. Sansón oró a Dios y destruyó el templo, junto con todos los que estaban ahí. Al final, acabó con sus enemigos.
 
Y qué decir de Moisés. Él viejito allá en el monte de Sinaí recibiendo las tablas de la Ley, escritas con el dedo de Dios y el pueblo acá abajo, haciéndose un burro o un becerro de oro, que para el caso es lo mismo, y declarándolo su dios. ¡Cuando había sido Jehová de los Ejércitos, el único Dios de Israel, quien abrió el mar Rojo para que pasaran en seco! y nada más porque el anciano se tardó un poquito, (y cómo no: se imagina ver el dedo de Dios escribir en tablas de piedra, ¡Guau!, creo que nosotros nos hubiésemos tardado más todavía, extasiados en su Presencia). Pero el pueblo se desesperó y se entregó a idolatría. Qué frustración tan mayúscula. De puritito coraje Moisés rompió las tablas escritas por Dios, pero de inmediato: manejó la frustración. Porque si él se enojó, Dios se enfureció y ya quería raerlos de la faz de la tierra, para darle una nación grande a Moisés. Pero Moisés, manejó la frustración y rogó a Dios para que no destruyera al pueblo. Había mucho más en juego, que sólo cambiar de nación: estaba en pugna el propio nombre del Señor. La historia la lee en Exodo 32. Así que la próxima vez que pierda algo: acuérdese de David, de Sansón y de Moisés, ellos perdieron algo, y se frustraron, pero no permitieron que la amargura se abriera paso en sus corazones, porque manejaron la frustración. En el nombre de Jesús, nosotros también podemos hacerlo. Por si no anotó los pasos para manejar la frustración, se los damos de nuevo:
1. Llorar todo lo que tenga que llorar delante de Dios y permitir que sea Él quien le consuele, y le hable. No vaya por ahí, llorando por los rincones y apachurrándole el entusiasmo a otros con su frustración. Venga delante de Dios y quéjese con Él, pero no le reclame.
2. Evite maldecir o hablar mal de quien le hizo daño, confíe en Dios: Él es nuestra fortaleza y ayuda inconmensurable. Además, recuerde que la Biblia dice que aunque mi padre y mi madre me dejaren, con todo el Señor me recogerá.
3. Tome papel y lápiz y de un lado escriba tres cosas, por las cuales usted perdió. Del otro, escriba tres cosas que hará para no volver a perder. En otras palabras, aprenda de sus errores. Prométase, que nunca más volverá a perder por esas causas. Y…
4. Agarre su frustración y mándela a volar, literalmente hablando. No se la guarde ni se quede con nada, porque le está dando cabida a una raíz de amargura y los amargados no tienen la gracia de Dios, la cual es mejor que todo el oro del mundo. Si la gracia y el favor de Dios están en su vida, no sólo recuperará lo que perdió sino que le será restituido siete veces más. Así está escrito, no lo decimos nosotros. Con lo cual ya sabe usted y sabemos todos: qué hacer cuando se pierde.
 

Si usted no tiene en dónde congregarse, requiere de un milagro de parte de Dios, necesita de Dios en su vida, matrimonio o familia, le invitamos a nuestros servicios: Reunión General: domingo a las 11:00 de la mañana. Enseñanza Bíblica, domingo 10:00 de la mañana y jueves, 7:00 de la tarde. Oración Intercesora: sábados, 7:30 de la mañana. En calle Cosmos y Eucalipto No. 2515, Fracc. Fco. I. Madero, entre calle Pino y Sicomoro. Y por favor, corra la voz: roguemos a Dios por la paz y la prosperidad de nuestra ciudad, porque en su paz, tendremos paz. Dios nuestro Señor le bendice.

 
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